Nuestra historia: de Reserva Cavi a Yelcho en la Patagonia

Nuestra historia: de Reserva Cavi a Yelcho en la Patagonia
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Antes de que existiera la Carretera Austral en este tramo, antes del puente sobre el río Yelcho y mucho antes de que llegaran huéspedes de otros países, esta orilla del lago era un campo. Tenía praderas abiertas a mano, algunos senderos y un pequeño embarcadero desde donde salía el ganado. Esta es la historia de cómo ese campo se convirtió en Yelcho en la Patagonia.
Buena parte de lo que sigue nos lo contó Sergio Trejo, quien fue dueño del lugar durante casi tres décadas y lo construyó desde cero.

1968: un campo sin camino

La historia que conocemos empieza en 1968. La propiedad pertenecía entonces a la señora Yolanda Soto, casada con Germán Monsalve, y su destino era agrícola.
En esos años no había conexión terrestre con Chaitén. El ganado se arreaba hasta la costa donde hoy está nuestro camping, un lugar que en esa época se llamaba Puerto Nuevo. Ahí se cargaba en un bote, cruzaba el lago hasta Puerto Cárdenas y desde ese punto seguía viaje hacia Chaitén. El lago era el camino.
Durante esa etapa, la señora Soto hizo limpiezas en el campo que dieron origen a las primeras praderas y a algunos de los senderos que todavía existen.
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Un plan hecho a los 18 años

La segunda parte de la historia empieza lejos de acá.
Sergio Trejo se dedicaba a importar relojes. Durante casi cuarenta años levantó una cadena de relojerías que llegaba hasta Puerto Montt. Pero a los 18 había escrito un plan de vida hasta los 60, y en ese plan había un proyecto turístico. Lo pensó primero en Pucón, donde los precios lo dejaron fuera.
La idea volvió estando en Japón. En un reportaje sobre Chile vio imágenes de la Carretera Austral, la obra que el gobierno militar promocionaba entonces como propia, y se le quedó clavada la espina. Salió a conocerla.
Su relato incluye un episodio que hoy suena improbable: llegó a reunirse con Augusto Pinochet, y en esa conversación entendió que el propósito declarado de la carretera era poblar la zona austral y conectarla con el resto del país. Con esa idea en la cabeza recorrió la región desde Coyhaique hacia el norte, conversando con alcaldes sobre dónde tendría sentido instalar un proyecto turístico. Le gustó Puyuhuapi, pero los accesos eran demasiado complicados.
Ese detalle explica buena parte de lo que vino después. Sergio no apostó a un lugar: apostó a una política de Estado que prometía traer gente y caminos. Cuando esa política perdió a su promotor, la apuesta quedó sola.
Terminó comprando en el lago Yelcho, en 1980, junto a su esposa, María Inés Hernández Jara. Sin experiencia en turismo y, según él mismo, sin el capital que el proyecto pedía.

Reserva Cavi: el primer complejo turístico del lago

Al comprar, Sergio invitó a amigos arquitectos y a un constructor civil, y pidió anteproyectos y presupuestos. Llamó al lugar Reserva Cavi.
El nombre venía de una idea: según cuenta, los cavi eran un pueblo que buscaba vivir lo más apartado posible de la civilización y que alojaba a todas sus familias bajo un mismo techo. De ahí el diseño de cabañas abiertas, pensadas para que un grupo entero compartiera el mismo espacio. Él mismo lo califica hoy sin indulgencia: fue romanticismo, no una decisión comercial.
Entre la compra y la primera obra pasaron casi diez años, y eso dice bastante sobre lo temprano que había llegado. La construcción arrancó recién en 1989, y no fue casualidad: ese año se terminó el puente Yelcho y la Carretera Austral alcanzó la zona del lago. La obra vial había comenzado en 1980, el mismo año en que Sergio compró. Con camino y puente, llegar dejó de ser una travesía por agua.
Lo primero en estar listo fue el camping, en 1989. Se levantó en el antiguo Puerto Nuevo, sobre una zona de mallín que hubo que rellenar para habilitar 15 sitios. El mismo lugar desde donde antes salía el ganado quedó convertido en la puerta de entrada al lago para los viajeros.
Las cabañas se empezaron a construir ese mismo año y estuvieron terminadas en 1991, diseñadas por el arquitecto Alejandro Goren. Fueron uno de los primeros complejos turísticos del lago Yelcho. Funcionaban sobre todo durante la temporada de pesca, con enero y febrero como los meses fuertes.
La idea de las cabañas venía de recorrer la ruta y notar lo que faltaba: alojamiento donde él mismo hubiera querido quedarse. De ahí que fueran grandes, pensadas para una familia y para compartir. El hotel no estaba en el plan original. Apareció después, empujado por las necesidades de servicio que las cabañas no podían resolver solas.
Hubo un aprendizaje que no estaba en ningún presupuesto: construir en el sur no se parece a construir en Santiago. Su arquitecto sabía de la capital, no de lluvia. Sergio salió a buscar a Edward Rojas en Chiloé y aprendió de él y su equipo cómo se levanta una casa en un lugar donde el agua manda.

1998: de Cavi a Yelcho en la Patagonia

El hotel se terminó en 1998, con ocho habitaciones. Durante sus primeros años recibió exclusivamente a pescadores.
Ese giro fue el que cambió el nombre. El potencial del lugar resultó ser la pesca, y el romanticismo de Reserva Cavi dio paso a algo más literal: Yelcho en la Patagonia. Recién entonces Sergio hizo cursos de turismo, cocina y administración, en ese orden: primero construyó, después aprendió el oficio.
Sergio hoy señala la dispersión de las instalaciones como un error de diseño: hotel, cabañas y camping quedaron lejos unos de otros, lo que encarece la operación y obliga a más personal. También probó con ganadería, pero las distancias y el flete hicieron el negocio impracticable.
Su balance de esos años es duro y vale la pena citarlo tal cual: "Ahora, razonando, nunca debí construir. Me anticipé quince o veinte años." La apuesta dependía de que la zona se poblara y se conectara. Pinochet dejó el poder, y para Sergio ahí se rompió algo: sostiene que a los políticos que vinieron después la zona les interesó poco, porque con tan pocos habitantes tampoco había votos en juego. Con temporadas cortas y una población que creció más lento de lo prometido, los números nunca dieron holgura.
Y sin embargo: "Nunca fue un sueño para ganar plata."

2007: una nueva etapa

En 2007 la propiedad fue adquirida por Michael Pawlowski, empresario alemán, que decidió invertir en mejoras para el hotel, las cabañas, el camping y las instalaciones agrícolas.
Para Sergio, vender fue difícil. Quiso quedarse con unas hectáreas y un pedazo de playa del lago, pero la operación era todo o nada. Describe el cierre en una frase: fue como perder un hijo. No ha vuelto a visitar el lugar.
En esos primeros años Michael tuvo ocasión de conversar varias veces con Douglas Tompkins, el conservacionista que por entonces vivía en la zona. Compartían una misma mirada sobre la restauración del paisaje y sobre el papel de los campos vecinos a un parque: predios que funcionan como zona de amortiguación en el borde del área protegida, y donde la agricultura convencional trabaja en contra de ese propósito. Esa conversación influyó en el criterio con que después se hicieron las inversiones acá, en senderos y en el manejo del campo.
Quien dejó la huella más visible de ese trabajo fue Rodrigo Villablanca. Trabajó más de diez años acá en el paisajismo y el embellecimiento del campo, y después siguió vinculado a la propiedad como asesor, con la confianza de Michael y de la administración actual. Si este lugar se ve como se ve, es en buena medida por él y por Michael: lo que un huésped mira al caminar por la propiedad es el resultado de esos años de trabajo.
Hubo una continuidad que ayudó en ese cambio de dueño: Juan Pablo van der Werff, amigo de Sergio Trejo, había llegado en 2001 y siguió a cargo de la administración hasta 2013. Doce años cruzando las dos épocas.

2008: el volcán Chaitén

En mayo de 2008 hizo erupción el volcán Chaitén. La propiedad recibió ceniza, pero siguió en pie y cumplió un papel que pocos recuerdan fuera de la zona: fue punto de apoyo logístico y base de evacuación para Chaitén y para las autoridades de la provincia, y recibió helicópteros durante la emergencia.
Para la provincia fue una catástrofe. La ciudad fue evacuada, mucha gente perdió todo y el turismo de la zona se detuvo. Acá no se cerró. El hotel no dejó de operar entonces, y no ha dejado de abrir temporada desde que existe: es una de las operaciones turísticas más antiguas y continuas de la provincia de Palena. No por mérito propio frente al volcán, sino porque hubo gente que siguió viniendo a trabajar cuando todo lo demás estaba cerrado.

2013 hasta hoy

En 2013 comenzamos a trabajar aquí Valentina y Sebastián, que desde entonces administramos Yelcho en la Patagonia y su empresa, Patagonia Land Conservation.
Un lugar así lo sostiene la gente que se queda. La señora Luisa Garrido y el señor Ricardo Sellado llegaron prácticamente con Sergio Trejo y se retiraron en 2017: casi toda la historia construida de este lugar pasó por sus manos, él en mantenimiento y asesoría, ella en el cuidado diario de todo lo que había que cuidar. Sergio los describe como pilares y dice que son ellos quienes saben cómo se logró construir esto.
Ricardo Sellado, Michael Pawlowski, Luisa Garrido, Sebastian Blanco & Valentina Volpe. Año 2013
Ricardo Sellado, Michael Pawlowski, Luisa Garrido, Sebastian Blanco & Valentina Volpe. Año 2013
Adán Vera llegó después y sigue a cargo del campo. Adan junto con Luis Antillanca son las personas que mas han recorrido este campo. Cuando Luisa y Ricardo se retiraron, sus puestos los tomaron dos personas que ya llevan años acá: Anita Villarroel, de Palena, con más de diez años trabajando aqui, y Guillermo Castillo, hoy encargado de mantenimiento. Su trabajo de todos los días es uno de los pilares sobre los que descansa esta operación: lo que un huésped no ve y de lo que depende que todo lo demás funcione.
En el agua, el nombre de esos años es Adrián Suazo. Es de Santa Lucía y estuvo con nosotros más de diez años, hasta 2020, guiando en el lago y en el río Yelcho. Hacía el año completo: guía en verano, mantenimiento en invierno. Buena parte de lo que sabemos sobre dónde y cuándo pescar estas aguas se lo debemos a él. Desde entonces el jefe de guías es Roland Bastidas.

Lo que es hoy

Yelcho en la Patagonia dejó de ser un lodge de pesca para convertirse en un Hotel. Recibimos visitantes de distintos países entre septiembre y mayo. La pesca sigue siendo parte de lo que somos, pero ya no es la única razón para llegar.
La propiedad incluye el Fundo Rucapangue, un campo de 750 hectáreas que recibe inversión todos los años en mejoras de praderas y embellecimiento. Algunas de esas praderas son las mismas que se abrieron a fines de los sesenta.
 
El criterio con que se decide qué hacer y qué no, viene de su propietario. Michael Pawlowski entiende este lugar como algo que hay que mantener más que explotar: crecer sin perder la esencia del lago, invertir en sustentabilidad, reducir al mínimo la huella que el turismo deja en una zona frágil y conservar lo que hace del Yelcho un lugar poco intervenido. Eso significa, en la práctica, decir que no a cosas que en el corto plazo rendirían más.
Hay un segundo propósito, menos visible desde afuera. Esta es una zona aislada, con poca población y pocas fuentes de trabajo estables. Un hotel que opera nueve meses al año, un campo que recibe inversión todos los años y un equipo que vive acá son, a esta escala, desarrollo económico local. Sostener eso en un lugar difícil de alcanzar y caro de operar es una decisión, no una consecuencia.
Y la propiedad sigue creciendo…
Cada temporada que abrimos descansa sobre decisiones que otros tomaron cuando acá no había puente, no había camino y no había ninguna certeza de que alguien fuera a venir. Un campo despejado a mano en 1968. Un empresario que vendía relojes y construyó un hotel en un lugar al que todavía no se llegaba por tierra. Y dueños que siguieron invirtiendo acá aunque los números no siempre acompañaran.
Pero lo que abre las puertas cada septiembre no es la historia. Es un equipo que vive acá: gente que atraviesa el invierno largo, la lluvia que no para y los meses en que no llega nadie, y que entre todos los lugares posibles eligió este rincón del mundo para hacer su vida.

Línea de tiempo

Año
Hito
1968
Campo agrícola de Yolanda Soto y Germán Monsalve. El ganado sale en bote desde Puerto Nuevo
1980
Sergio Trejo y María Inés Hernández compran la propiedad y crean Reserva Cavi. Comienza la Carretera Austral
1989
Puente Yelcho y llegada de la Carretera Austral a la zona del lago. Se habilita el camping en Puerto Nuevo
1991
Se terminan las cabañas: uno de los primeros complejos turísticos del lago Yelcho
1998
Se termina el hotel, con ocho habitaciones. Cavi pasa a llamarse Yelcho en la Patagonia
2001
Juan Pablo van der Werff asume la administración
2007
Michael Pawlowski adquiere la propiedad
2008
Erupción del volcán Chaitén: base de apoyo y evacuación
2013
Valentina y Sebastián asumen la administración
Hoy
Hotel con temporada de septiembre a mayo y Fundo Rucapangue de 750 hectáreas

¿Estuviste en Reserva Cavi en los ochenta, o en el hotel en sus años de lodge de pesca? Si tienes fotos o recuerdos de esa época, nos encantaría conocerlos.

Galeria de Imagenes

Luisa Garrido & Anita Villaroel.  Año 2017
Luisa Garrido & Anita Villaroel. Año 2017
Juan Pablo Tellez, Ronny Hillmann & Adrian Suazo . Año 2013
Juan Pablo Tellez, Ronny Hillmann & Adrian Suazo . Año 2013
Luis Antillanca, Adan Vera, Leandro Sandoval, Rodrigo Villablanca & Sebastian Blanco. Año 2014
Luis Antillanca, Adan Vera, Leandro Sandoval, Rodrigo Villablanca & Sebastian Blanco. Año 2014
Michael & Kirstina Pawlowski con equipo Yelcho en la Patagonia 2015. Diego, Ruth & Sergio Fernandez, Alejandro Marinozzi, Luis Antillanca, Sebastian Blanco, Adan Vera, Valentina Volpe, Adrian Suazo, Alexis Morales Riquelme, Luisa Garrido y Natalia Watanabe.
Michael & Kirstina Pawlowski con equipo Yelcho en la Patagonia 2015. Diego, Ruth & Sergio Fernandez, Alejandro Marinozzi, Luis Antillanca, Sebastian Blanco, Adan Vera, Valentina Volpe, Adrian Suazo, Alexis Morales Riquelme, Luisa Garrido y Natalia Watanabe.

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Sebastian Blanco

Gerente General Patagonia Land Conservation